Camarera en un establecimiento hostelero de Alicante. Camarera en un establecimiento hostelero de Alicante.
Guille Llopis
Lunes, 08 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

La falta de personal en la hostelería de Alicante: un problema estructural que se agrava cada verano

Ni es un problema nuevo, ni tiene visos de solucionarse fácil o rápidamente. La falta de mano de obra en hostelería en verano, un año más, acecha a los negocios y zonas geográficas que más viven del turismo en esta época del año. Y la provincia de Alicante en general y la Costa Blanca en particular no se libra. Una necesidad que contrasta con un dato histórico en el sector: mientras más de dos millones de personas marcan una cifra récord de afiliación a la Seguridad Social solo en el sector hostelero, la gran mayoría de negocios en zonas turísticas se enfrenta a una nueva temporada con falta de personal para atender la subida estacional de clientes.

Según datos de la Confederación Empresarial de Hostelería de España, durante el verano de 2025, más de 130.000 puestos de trabajo en hostelería quedaron sin cubrir. Un dato llamativo no solo por el empleo que no se lleva a cabo, sino por la traducción que tiene en el día a día de las zonas turísticas: restaurantes y bares colapsados, clientes y visitantes sin la atención necesaria y un impacto económico y reputacional negativo para el sector.

 

Si a nivel estatal la situación es compleja, la realidad económica de la provincia de Alicante es todavía más difícil. En un territorio hiperdependiente del turismo de sol y playa, el problema de la falta de mano de obra en hostelería se multiplica. Al llegar junio, municipios como Benidorm, Jávea, Torrevieja o el propio centro de Alicante necesitan duplicar y hasta, en ocasiones, triplicar sus plantillas de la noche a la mañana. Una necesidad masiva y repentina que tensiona un mercado laboral local que, simplemente, no cuenta con una bolsa de empleo suficiente para absorber la demanda estacional. 

 

La tormenta perfecta

 

Este problema estacional, lejos de ser nuevo, durante años se podía maquillar gracias a un perfil de trabajador muy específico: el temporero. Miles de trabajadores de provincias del interior y del extranjero se desplazaban al litoral alicantino para hacer la temporada y cargar el zurrón antes de volver a sus lugares de origen al finalizar el verano. Pero a este tipo de profesionales, desde hace unos pocos años, les ha nacido un enemigo difícil de batir: la crisis de la vivienda y su aumento de precios.

 

Entre 2021 y 2025, la provincia de Alicante superó las 44.600 viviendas turísticas registradas, según el Instituto Nacional de Estadística. Es decir, aproximadamente el 1.5% de todo el parque inmobiliario local está destinado al uso vacacional, lo que hace de Alicante la provincia líder de España en este aspecto. Eso, unido a un incremento acumulado del 50% en los últimos años en el precio de la vivienda, según los estudios del portal Idealista, crea una realidad compleja para trabajadores y negocios. Simplemente, con el nivel de sueldos promedio, no compensa desplazarse para trabajar en la temporada.

 

Un problema con muchas aristas

 

A las dificultades geográficas y de alojamiento hay que sumar un puzzle de gestión interna cada vez más difícil de resolver para los empresarios del sector y con demasiados frentes como para encontrar una solución simple y universal. Por un lado, la hostelería alicantina, y en general, se enfrenta a un complicado relevo generacional: la industria ya no es una escuela de aprendizaje, sino en muchos casos un refugio laboral al que acudir casi como última opción. 

 

Esta falta de vocación se suma a un momento de asfixia financiera para muchos negocios. Bares, restaurantes, hoteles, chiringuitos y otros establecimientos se ven en una compleja situación: atrapados por la inflación y el encarecimiento de costes de energía y materias primas, los hosteleros se ven en la encrucijada de no poder ofrecer salarios más altos sin disparar sus precios y perjudicar a los clientes locales. El resultado de este equilibrio imposible es la fuga de talento hacia trabajos más estables, la proliferación de franquicias y un servicio que, en muchas ocasiones, solo los turistas venidos de países con mayor poder adquisitivo pueden permitirse. 

 

Según informes de movilidad del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), las actividades logísticas y de comercio de grandes superficies en la provincia de Alicante han absorbido en el último trienio a casi un 20% de trabajadores que tradicionalmente engrosaban las listas de profesionales hosteleros en la temporada estival.

 

Sectores como las grandes plataformas de distribución ofrecen salarios base idénticos o ligeramente superiores a los de un camarero, pero con dos ventajas competitivas casi imbatibles frente a un chiringuito de playa: turnos intensivos garantizados de mañana o tarde y fines de semana libres o rotativos. La búsqueda de mano de obra de hostelería ya no solo compite dentro del sector, sino contra industrias enteras que juegan la mano con cartas mejores de inicio.

 

En definitiva, la crisis de personal en terrazas y cocinas de Alicante en pleno verano ya hace años que no es un simple bache temporal, sino la consecuencia de un modelo turístico y laboral que necesita cambios para sobrevivir. Mientras tanto, la provincia se encamina a un nuevo verano de terrazas llenas y plantillas a medio gas, asumiendo el peligroso riesgo de largas esperas y servicios deficientes que terminen por pasar factura a la reputación de la marca Alicante y al principal motor económico de nuestro litoral.

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