Ilustración del rey Jaume I a caballo. De Jaume I a nuestros días: ocho siglos de historia valenciana
La historia de la actual Comunitat Valenciana no puede entenderse sin el Reino de València nacido en el siglo XIII. Tras la conquista de la ciudad de València por Jaume I en 1238, el nuevo territorio se incorporó a la Corona de Aragón con personalidad política propia. No fue una simple prolongación de Aragón o de Cataluña: desarrolló instituciones, normas y órganos representativos diferenciados que, con cambios y conflictos, marcaron la evolución valenciana durante casi cinco siglos.
Uno de los pilares de aquel nuevo reino fueron los Furs de València. Su origen se encuentra en la Costum otorgada inicialmente a la capital, que Jaume I impulsó después como marco jurídico general. En 1261, el monarca juró los fueros valencianos ante las Cortes y estableció la obligación de que sus sucesores hicieran lo mismo al comenzar su reinado. Aquel sistema jurídico regulaba materias públicas y privadas y contribuyó a dotar de cohesión a un territorio cuya formación fue progresiva y cuyas fronteras no quedaron fijadas de manera inmediata.
Les Corts Valencianes fueron otro elemento esencial. Integradas por los brazos eclesiástico, militar y real, representaban a los estamentos con voz política del reino y participaban en la aprobación de fueros, servicios económicos y resolución de agravios. La documentación histórica conservada por Les Corts sitúa en los siglos XIII y XIV la consolidación de este sistema parlamentario, que acabaría convirtiéndose en una de las principales expresiones del autogobierno foral valenciano.
A ese entramado se sumaron otras instituciones. En 1418 se creó la Generalitat como organismo permanente ligado inicialmente a la gestión de los impuestos acordados en Cortes. Junto a ella funcionaron figuras y organismos como la Bailía General, el Mestre Racional, la Gobernación o la Real Audiencia. La sociedad valenciana medieval y moderna fue, además, mucho más que sus instituciones: ciudades comerciales, agricultura de regadío, señoríos, puertos mediterráneos y una intensa vida cultural fueron modelando un territorio diverso.
Los siglos XV y XVI dejaron una huella especialmente profunda. València vivió una etapa de gran dinamismo económico y cultural, mientras la literatura valenciana alcanzaba algunas de sus obras más representativas. Pero la historia del reino también estuvo marcada por conflictos sociales, cambios dinásticos y tensiones entre la monarquía y las instituciones forales. El punto de ruptura llegó tras la Guerra de Sucesión. El Decreto de Nueva Planta de 29 de junio de 1707 abolió los Fueros del Reino de València y desmanteló buena parte de su organización política propia, sustituyéndola por un modelo administrativo centralizado.
Durante los siglos XVIII y XIX la sociedad valenciana continuó transformándose. La organización territorial del Estado liberal consolidó la división provincial y el espacio valenciano quedó articulado en torno a Alicante, Castellón y Valencia. La industrialización tuvo ritmos desiguales, mientras la agricultura de exportación, el comercio, las ciudades y posteriormente el turismo fueron modificando la economía y la estructura social. Al mismo tiempo, la recuperación cultural de la lengua y del pasado histórico alimentó nuevas formas de conciencia valenciana.
El actual autogobierno llegó con la democracia. En 1978 se creó el Consell del País Valenciano como institución preautonómica y, tras la Constitución, la Ley Orgánica 5/1982 aprobó el Estatuto de Autonomía. El texto, reformado ampliamente en 2006, establece que el pueblo valenciano, “históricamente organizado como Reino de Valencia”, se constituye en comunidad autónoma con la denominación de Comunitat Valenciana.
La Generalitat contemporánea, Les Corts y el resto de instituciones estatutarias no son una reproducción del sistema medieval, pero recuperan una tradición histórica de autogobierno adaptada a un marco democrático y constitucional. Desde 1238 hasta el presente, la historia valenciana muestra precisamente esa combinación de continuidad y transformación: un territorio plural que ha cambiado de estructuras, fronteras administrativas y formas de gobierno, pero que conserva en su patrimonio jurídico, cultural e institucional las huellas de ocho siglos de historia compartida.
















