Banderas de la Comunidad Valenciana, España y Comunidad Europea en el Palacio de Castellfort. Banderas de la Comunidad Valenciana, España y Comunidad Europea en el Palacio de Castellfort.
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Miércoles, 30 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

9 d’Octubre: la historia de una fecha que define a los valencianos

Cada 9 de octubre, la Comunitat Valenciana vuelve la mirada a 1238. Aquel día, Jaume I entró en la ciudad de València tras la capitulación de la medina islámica y culminó uno de los episodios decisivos de la expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo peninsular. Con el tiempo, la fecha dejó de ser únicamente el recuerdo de una conquista para convertirse en el principal referente histórico de la identidad colectiva valenciana y en el Día de la Comunitat Valenciana.

La entrada del monarca en València no significó simplemente un cambio de poder. La conquista dio paso a la formación de un nuevo espacio político: el Reino de València. Jaume I impulsó un ordenamiento propio que acabaría articulándose en torno a los Furs, así como unas instituciones diferenciadas dentro de la Corona de Aragón. De este modo, la conmemoración del 9 d’Octubre quedó vinculada desde sus orígenes no solo a un acontecimiento militar, sino también al nacimiento de una estructura política, jurídica e institucional valenciana.

 

La celebración cuenta, además, con una tradición de siglos. El Ayuntamiento de València sitúa sus orígenes en 1338, cuando se conmemoró el primer centenario de la entrada de Jaume I. Desde entonces, la fiesta ha atravesado etapas muy distintas y ha incorporado nuevas formas de expresión, pero ha mantenido como hilo conductor la memoria de aquel acontecimiento fundacional. A lo largo del tiempo, ceremonia religiosa, representación institucional, cultura popular y participación ciudadana se han combinado hasta configurar la celebración actual.

 

Uno de sus símbolos centrales es la Reial Senyera. La histórica enseña protagoniza cada año la Procesión Cívica de València, un acto declarado Bien de Interés Cultural Inmaterial en 2016. El ceremonial comienza con su descenso solemne desde el balcón del Ayuntamiento, sin inclinarla, para recorrer las calles del centro. La comitiva se dirige hasta el entorno del Parterre, donde se realiza la tradicional ofrenda ante la estatua ecuestre de Jaume I, antes de regresar al consistorio. La Senyera funciona así como elemento de continuidad entre la memoria medieval y la celebración contemporánea.

 

Dimensión popular

 

El 9 d’Octubre también conserva una dimensión popular estrechamente ligada a la festividad de Sant Donís. La tradición de la mocadorà, especialmente arraigada en València y su área metropolitana, convierte la jornada en una celebración afectiva. Los dulces de mazapán con formas de frutas de la huerta, junto a la piuleta y el tronaor, se envuelven tradicionalmente en un pañuelo y se regalan a la persona querida. El Museu d’Història de València recuerda que estas piezas evocan antiguos elementos festivos y pirotécnicos asociados a la celebración.

 

La historia de la fiesta tampoco fue ajena a las grandes transformaciones políticas. Tras la Guerra de Sucesión, los Decretos de Nueva Planta de 1707 abolieron los Fueros y las instituciones propias del antiguo Reino de València. La conmemoración sobrevivió, sin embargo, a los cambios de régimen y fue adquiriendo nuevos significados hasta recuperar en la etapa autonómica una dimensión plenamente institucional como jornada de referencia para el conjunto de la Comunitat.

 

Junto a estas tradiciones se han consolidado conciertos, muestras de folklore, danses, espectáculos pirotécnicos, actividades culturales y entradas de Moros y Cristianos. La fiesta ha ampliado así su dimensión hasta extenderse por numerosos municipios de las provincias de Alicante, Castellón y Valencia, cada uno con sus propias actividades y expresiones locales.

 

Ocho siglos después de 1238, el 9 d’Octubre continúa siendo una fecha en la que historia y presente se encuentran. La Comunitat Valenciana que hoy reconoce el Estatuto de Autonomía se define precisamente a partir de un pueblo “históricamente organizado como Reino de Valencia”. Esa continuidad institucional no es lineal, pero explica la fuerza simbólica de una jornada que remite al origen medieval del territorio y, al mismo tiempo, proyecta una identidad colectiva construida y reinterpretada durante generaciones.

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