Del chiringuito al beach club- la metamorfosis del negocio de playa en la Costa Blanca de Alicante. Del chiringuito al beach club: la metamorfosis del negocio de playa en Alicante
La Costa Blanca es reconocible por sus playas, aguas transparentes, calas y arenales. Un litoral que recorre toda la provincia de Alicante de norte a sur y que deja auténticas imágenes de postal con actores comunes: bañistas, sombrillas, flotadores, toallas… Y, en muchos casos, también los tradicionales chiringuitos. Durante generaciones, el chiringuito evocó una imagen muy concreta. Estructuras de madera junto a la arena, mesas sencillas, olor a pescado y una cerveza fría después del baño. Un lugar informal, integrado en el ritual de la playa y asociado a una gastronomía sencilla y popular. Hoy en día, aunque ese modelo no ha desaparecido, en la Costa Blanca convive cada vez más con otro.
Las playas alicantinas de 2026 muestran una nueva escena. En los arenales de la Costa Blanca conviven establecimientos que, sin perder su esencia, incorporan una cocina más elaborada, oferta de coctelería, reservas de hamacas, música y una estética más propia de un beach club que de un chiringuito de playa tradicional. El chiringuito ha dejado de ser únicamente un lugar donde tomar algo y comerse unas raciones entre dos baños para convertirse, en algunos casos, en una experiencia turística completa.
De la estacionalidad al negocio continuo
Los datos económicos ayudan a entender el contexto. En mayo de 2025, el Ayuntamiento de Alicante preadjudicó los servicios de chiringuitos, tumbonas, taquillas y alquiler náutico de todas sus playas (salvo San Juan) por un canon cercano a 875.000 euros. Más de 30 empresas se presentaron para optar a ofrecer estos servicios, que la ciudadanía y los visitantes iban a poder disfrutar durante más tiempo: anteriormente, la temporada duraba de mayo a octubre; ahora, empieza en marzo y termina en noviembre, adaptándose a la desestacionalización del turismo que llega a Alicante.
Este cambio no es ni mucho menos menor: supone aproximadamente 49 días adicionales de explotación, alrededor de un 27% más de calendario disponible. No necesariamente significa un aumento equivalente de los ingresos, pero sí permite entender el interés por prolongar la actividad en unos negocios tradicionalmente muy condicionados por la estacionalidad.
Estos datos implican más que una de las muchas licitaciones que el consistorio realiza para prestar servicios en la ciudad: muestran también la profesionalización del negocio vinculado a la playa. La temporada empieza antes y termina después, ampliando así el periodo en el que estos establecimientos y servicios pueden generar actividad.
Buen momento para la industria
El contexto del sector turístico también acompaña. Según datos de la Asociación Provincial de Hoteles y Alojamientos Turísticos de Alicante (APHA), el año 2025 se cerró con el mejor registro histórico de ocupación de la ciudad, con un promedio del 79% a lo largo de los doce meses.
Pese a la gran amplitud y diversidad de la oferta, el litoral alicantino continúa siendo el principal imán para los visitantes. En el año 2024, casi el 55% de los viajes de turistas internacionales a la Comunidad Valenciana estuvo vinculado al producto de sol y playa, según datos de Turisme Comunitat Valenciana. La provincia de Alicante recibió en ese año a 7,93 millones de turistas internacionales, un millón más que en el año 2023.
Y a esta propuesta de sol y playa se suma, también con un impulso institucional, la oferta gastronómica, con Alicante nombrada como Capital Española de la Gastronomía en 2025. Alicante, como provincia y como ciudad, ya no es un destino al que solo llevar toallas y bañadores. Según el balance municipal de la capitalidad gastronómica, el impacto económico alcanzó los 19,5 millones de euros en hostelería y casi 23 millones en alojamientos, con la facturación hostelera creciendo un 14% en 2025 respecto al año anterior.
Precisamente en este contexto se sitúa la evolución de algunos negocios de playa. Junto al chiringuito tradicional aparecen establecimientos que ofrecen una cocina mediterránea más elaborada, cócteles, hamacas y otros servicios asociados al ocio. Pero, lejos de convertir al litoral alicantino en un escaparate de lujo, esta transformación implica la convivencia de modelos muy distintos: desde aquellos que mantienen un formato más tradicional hasta otros que están a medio camino entre el clásico y un beach club.
Más gasto en menos tiempo
En este proceso, el perfil de visitante tiene un protagonismo muy elevado. En la provincia de Alicante, los turistas internacionales gastaron en 2024 una media de más de 1.300 euros por persona, un 6,5% más que el año anterior. Al mismo tiempo, la estancia media descendió un 14% hasta situarse en 10 días, con un gasto medio diario de 130 euros. Es decir, el mercado describe a un visitante que gasta más en menos tiempo, y el nuevo formato premium proporciona experiencias que casan con esta realidad: tickets medios más altos, ofertas más extensas y factor de novedad sin salir de la playa.
Pero esta sofisticación también tiene sus limitaciones, en este caso físicas y administrativas. Por la normativa de Costas y el dominio público marítimo-terrestre que ocupan los chiringuitos, la superficie de cada servicio debe ser la mínima posible, y la ocupación total de los servicios de temporada no puede superar el 10% de la superficie de playa en zonas naturales y del 50% en las urbanas.
Esta limitación física condiciona el modelo de negocio: si el espacio disponible no puede crecer libremente, la rentabilidad depende en mayor medida de ampliar el calendario de actividad, diversificar los servicios y elevar el gasto generado por cada cliente. Es decir, aumentar el valor económico del mismo espacio sin necesidad de aumentar necesariamente los metros ocupados.
El nuevo modelo plantea así un equilibrio entre dos realidades. Los establecimientos más modernos incorporan instalaciones atractivas, terrazas, una oferta gastronómica más amplia y servicios capaces de generar consumo durante más horas. La playa, en cambio, sigue siendo un espacio público sometido a restricciones destinadas a preservar su uso y características.
Así, el litoral alicantino dibuja un escenario plural que refleja la nueva realidad sociológica y turística. Por un lado, chiringuitos tradicionales enfocados al público local y familias que acuden a sus segundas residencias o hacen turismo interno; por otro, espacios de restauración integral con un ticket medio más alto y que son frecuentados por público internacional o que busca una experiencia gastronómica distinta a las estructuras tradicionales. Una dualidad que responde de manera directa a las demandas de un público heterogéneo y un sector que busca moverse dentro de los estrictos márgenes normativos que regulan el uso del dominio público en la costa mediterránea que baña la provincia de Alicante. La playa no puede crecer, los negocios sí.



















