Banyeres de Mariola Banyeres de Mariola
Guille Llopis
Domingo, 13 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

Banyeres de Mariola: el refugio verde donde la Costa Blanca cambia el mar por la montaña

A más de 800 metros de altitud, Banyeres de Mariola ofrece una alternativa al turismo de sol y playa de la Costa Blanca con naturaleza, historia y patrimonio. Entre bosques de la Sierra de Mariola, el río Vinalopó, antiguos molinos y un castillo medieval, esta localidad alicantina se convierte en un refugio perfecto para disfrutar del verano lejos del calor y el bullicio del litoral.

La alegría estival tiene muchas caras en la provincia de Alicante. Por un lado está la imagen casi cliché en la que tanto locales como foráneos piensan cuando imaginan los meses de calor en la Costa Blanca: arenales, litoral, termómetros elevados, el bullicio de Benidorm, las calas de Jávea o las calles Alicante. Pero al alejarse del nivel del mar, la provincia guarda un secreto custodiado con celo a más de 800 metros de altitud. Ahí no hay chiringuitos, playas ni sombrillas, sino cumbres escarpadas, bosques frondosos e historia medieval. Así es una escapada a Banyeres de Mariola.

 

En el corazón de la comarca del Comtat, cobijada por los dominios del Parque Natural de la Sierra de Mariola, se encuentra esta localidad. Un refugio verde perfecto para quienes buscan escapar del asfalto de la ciudad o del ajetreo de los destinos más turísticos, una manera perfecta para redescubrir el turismo de interior con mayúsculas y conocer otra de las muchas caras e historias que cuenta la provincia de Alicante, ya sea con una escapada o una simple excursión para pasar el día.

 

Un oasis de altitud y naturaleza pura

 

Banyeres de Mariola propone un horizonte dominado por el verde intenso en múltiples formatos: pinos carrascos, carrascas centenarias y campos de cultivo en bancales escalonados. Con una población estable de alrededor de 7.000 habitantes, este municipio ostenta el título honorífico de ser el pueblo situado a mayor altitud en todo el territorio alicantino. Esto es mucho más que un dato anecdótico, ya que otorga a Banyeres un microclima singular muy codiciado en verano, ya que incluso en pleno mes de agosto, las horas nocturnas suponen un importante refresco, con vecinos y visitantes buscando una chaqueta ligera y disfrutando de un sueño profundo y reparador, ajeno a las agobiantes noches tropicales del litoral.

 

El nombre del pueblo da una pista de su carácter. El auténtico motor vital de este territorio es el agua: nacido prácticamente en las entrañas de estas montañas, el río Vinalopó serpentea por el término municipal alimentando una rica red de fuentes naturales, lavaderos tradicionales y antiguos molinos hidráulicos. Precisamente, uno de los grandes atractivos senderistas de la zona es la popular ruta de Els Molins del Vinalopó, que permite caminar entre frondosas arboledas de ribera que escoltan los vestigios de la arquitectura preindustrial.

 

La Sierra de Mariola, entorno que da cobijo a Banyeres, es uno de esos lugares que se disfrutan más allá de la vista. Sus laderas albergan más de mil especies botánicas distintas, con una gran presencia de plantas aromáticas: ajedrea, tomillo, manzanilla y, sobre todo, la salvia, son algunos de los ingredientes fundamentales para aportar aroma al paisaje, y son la base y el corazón de licores tradicionales de la comarca, como el emblemático y reconfortante herbero.

 

Un castillo centinela y una rica historia

 

Banyeres está vigilado desde las alturas desde hace cientos de años. Su imponente castillo, una fortaleza de origen almohade que corona estratégicamente su cerro, fue alzado en el siglo XIII, y su emblemática torre del homenaje es hoy en día un museo arqueológico e histórico que, además de albergar una buena parte de la historia de la localidad, ofrece una de las mejores vistas panorámicas a muchos kilómetros a la redonda. Desde esta privilegiada atalaya pueden observarse los valles del interior de Alicante, las no tan lejanas tierras de la provincia de Valencia y, con claridad, hasta el territorio murciano.

 

Ya en el núcleo urbano, un simple paseo por su casco antiguo da muestra de la riqueza y variedad de su historia. Con su trazado medieval, calles empinadas y empedradas, cada pocos metros se pueden descubrir casonas solariegas y plazas porticadas por las que no parece haber pasado el tiempo. Una atmósfera pausada que contrasta con la intensidad de sus célebres fiestas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Nacional, que cada abril llenan las históricas calles de la localidad de música, color, pólvora y tradición.

 

Pero, aunque la milenaria historia de Banyeres de Mariola está llena de riqueza y variedad, su identidad va más allá: también late con fuerza en su patrimonio industrial. A finales del siglo XIX y principios del XX, gracias a las grandes mentes locales de la época, el aprovechamiento de la fuerza hidráulica del río transformó la localidad en un próspero núcleo textil. Hoy en día, aunque la industria ya no tiene la misma potencia, algunas fábricas rehabilitadas y sus antiguas chimeneas de ladrillo visto salpican el valle y mantienen vivo el testimonio de generaciones dedicadas a la manufactura de mantas e hilados, un legado de arquitectura industrial que aporta un atractivo cultural único para locales y visitantes.

 

Noches de brisa serrana a cucharadas

 

El contraste de la Alicante de playa con la Alicante de montaña se pone de manifiesto en enclaves como Banyeres de Mariola. Aquí no se busca el arroz marinero de cala, sino reconfortantes platos de cuchara creados para combatir el frío invernal, pero reinterpretados con maestría para disfrutar con calma en cualquier época del año. Desde el clásico gazpacho alicantí, a base de tortas ácimas troceadas con setas y carne de caza, hasta la tradicional olleta de blat o los contundentes guisos a base de cordero local, la gastronomía local es consecuencia directa del microclima de sierra que se disfruta en la comarca. Y, de postre, que no falten los pasteles de boniato o los rollos de anís para una buena sobremesa al fresco nocturno de la plaza mayor.

 

Con todos estos ingredientes, Banyeres demuestra una vez más las mil caras de la Costa Blanca. Una fascinante dualidad en la que, sin salir de la provincia, puede cambiarse la sombrilla en la playa por la sombra de un carrascal, el sonido de las olas por el murmullo de una fuente milenaria y el calor del litoral por la brisa serrana. La alternativa definitiva para quienes entienden el verano como un momento perfecto para descubrir esas joyas ocultas al lado de casa.

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