Villajoyosa, el refugio discreto de la Marina Baja de Alicante. Villajoyosa, el refugio discreto de la Marina Baja de Alicante.
Guille Llopis
Domingo, 09 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

Villajoyosa: postales de colores y aroma a chocolate en el refugio discreto de la Marina Baja

La vida en los principales núcleos de la provincia de Alicante, especialmente en verano, es puro ritmo. Desde la capital, Alicante, hasta algunos de los municipios más vivos durante la temporada estival, como Benidorm, Jávea o Torrevieja, estos meses se caracterizan por una actividad económica y social frenética, con negocios estacionales a todo ritmo, locales disfrutando de su tierra y visitantes, tanto nacionales como extranjeros, aumentando temporalmente la población. Pero no en todas partes es así: la comarca de la Marina Baja esconde un cambio de ritmo importante en uno de sus principales enclaves marineros. Con un perfil mucho más discreto, y como estandarte del slow living mediterráneo, Villajoyosa es un destino tremendamente cotizado más allá de los grandes titulares turísticos.

La Vila Joiosa, por su nombre en valenciano, ha sabido mantenerse al margen del urbanismo de alta densidad que transformó la vida y economía de una buena parte de sus localidades vecinas. La población empadronada de forma estable está alrededor de los 36.000 habitantes, y lejos de aumentos dramáticos con la llegada de la temporada alta(Benidorm tiene algo más de 70.000 habitantes y en momentos puntuales de agosto puede alcanzar 450.000 personas en la localidad), Villajoyosa se ha consolidado como un destino estratégico para un perfil de viajero y residente muy concreto.

 

El municipio de la Marina Baja no busca competir en la liga del turismo masivo de rotación rápida, sino que se ha convertido en una codiciada baza para el mercado de segundas residencias y para la deslocalización de expatsvenidos de países como Holanda, Reino Unido o las naciones escandinavas.

 

Los datos demográficos reflejan esta tendencia, y el mercado inmobiliario confirma la sospecha: según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca del 18% de la población residente en Villajoyosa es extranjera. Esta cuota de presencia internacional se eleva aun más si se analiza la compraventa de vivienda libre en el municipio, y las razones de este atractivo son claras. Más de 300 días de sol al año, una red completa de servicios sanitarios y educativos, buena conexión por carretera y desde el aeropuerto Alicante-Elche y, sobre todo, tres kilómetros de playa urbana de arena fina flanqueada por palmeras y sin la densidad de otros núcleos costeros cercanos.

 

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Fachada marinera multicolor

 

Uno de los elementos que más llama la atención al llegar a La Vila es su paleta de colores. Un municipio pintoresco, llamativo, cuyo casco antiguo ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural. El centro histórico, descolgado sobre la desembocadura del Río Amadorio hasta la misma orilla de la playa, cuenta con un frente de casas colgantes con una llamativa paleta de vivos colores: azules intensos, amarillos vivos, ocres, fucsias y mucho más.

 

Esta peculiaridad estética, lejos de ser un reclamo reciente o un intento contemporáneo de captar la atención del turismo de redes sociales, nació como una solución pragmática de la arquitectura popular marinera del siglo XVIII: los pescadores locales pintaban la fachada de sus viviendas con la pintura sobrante que utilizaban para impermeabilizar los cascos de sus barcas. La razón era funcional, ya que al regresar de faenar en las aguas del Mediterráneo, los marineros podían identificar su casa desde la distancia y comprobar, mediante códigos cromáticos o prendas colgadas, si había novedades en sus hogares.

 

Hoy, siglos más tarde, perderse por sus calles empedradas, cruzar las murallas renacentistas del siglo XVI y desembocar en la playa es prácticamente un viaje en el tiempo, retrocediendo a una época en la que el tiempo se medía por las mareas y una sábana colgada vista desde cientos de metros en el mar era una noticia familiar.

 

Una historia escrita en granos de cacao

 

Villajoyosa no es solo fachadas de colores y una playa en la que hay hueco para la toalla. La vista se deleita con la paleta cromática, pero el olfato encuentra en esta localidad una seña de identidad única. Jijona es almendra y turrón, Villajoyosa es cacao tostado y chocolate. La relación de la localidad con la industria chocolatera no es una simple curiosidad gastronómica, sino un motor económico y cultural que transformó la localidad desde el siglo XVIII, cuando la flota mercante vilera comenzó a importar cacao desde Ecuador y Venezuela.

 

Durante el siglo XIX, La Vila llegó a albergar alrededor de una treintena de fábricas artesanales de chocolate. Hoy en día, el municipio es conocido como la capital del chocolate de la Comunidad Valenciana, con algunas firmas históricas que continúan en activo y exportan, desde la Marina Baja, a todo el mundo. Chocolates Valor (1881), Chocolates Clavileño (1882) o Chocolates Pérez (1892) son algunas de las grandes referencias, y sus chocolaterías son una parada obligatoria en el casco urbano, además de un reclamo turístico ideal para desestacionalizar la llegada de visitantes.

 

Con todos estos ingredientes, Villajoyosa demuestra que en la Costa Blanca todavía existen rincones donde la identidad local prima sobre la masificación. Sin necesidad de grandes artificios, este histórico pueblo marinero y chocolatero ofrece una alternativa real a quienes buscan un ritmo de vida más pausado, calidad de vida de primer nivel y un inconfundible aroma a cacao tostado que combina con sus colores vivos y carácter único.

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