Nómada digital en Alicante. Nómada digital en Alicante.
Guille Llopis
Lunes, 15 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

Alicante, tierra de acogida: de jubilados y turistas a los nómadas digitales

El año 2020 y la pandemia fueron un punto de inflexión en muchos aspectos de la vida cotidiana. Una de las nuevas realidades que creó el coronavirus fue la obligación, casi de la noche a la mañana, que muchas empresas tuvieron para implementar el teletrabajo. La presencialidad se demostró como algo prescindible para muchos puestos de trabajo, sin que eso supusiera un daño a la productividad. Y aquello, que comenzó como una medida de emergencia sanitaria para poder seguir trabajando, abrió la puerta a una transformación sociolaboral sin precedentes: habían llegado los nómadas digitales.

Multitud de profesionales cualificados podían no solo trabajar desde sus casas, sino desde casi cualquier rincón del mundo. La cercanía a la oficina dejó de ser importante y la flexibilidad geográfica, aunque muchas empresas volvieran al modelo tradicional después, se demostró útil. Y, como pasa en muchas ocasiones, la realidad vino delante y las regulaciones después. En 2022, la conocida como Ley de Startups (28/2022) dio un marco legal a una figura que poco a poco se implementaba socialmente en el país.

 

Esta legislación introdujo por primera vez en España un estatus de visado específico para nómadas digitales, que permitía regularizar la situación de profesionales internacionales trabajando en remoto. Se trataba de una herramienta jurídica gracias a la cual los trabajadores extracomunitarios no solo podían residir y trabajar legalmente en España, sino también beneficiarse de ventajas fiscales realmente atractivas.

 

Con sus puestos de trabajo y nóminas todavía radicadas en sus países y empresas de origen, los nómadas digitales se beneficiaban de un agresivo paquete de incentivos fiscales similar a la llamada Ley Beckham: una tarifa plana impositiva del 24% para rentas de hasta 600.000 euros anuales (esquivando la clásica escala progresiva española que en algunas comunidades supera el 45%), sin necesidad de declarar bienes en el extranjero y con trámites burocráticos agilizados en una ventanilla rápida.

 

Alicante, la tierra prometida

 

La provincia de Alicante, por sus condiciones climáticas, sociales y de conectividad, se convirtió casi automáticamente en un imán natural para este perfil de profesionales. El litoral alicantino, con una larga tradición de turismo, segundas residencias, jubilados, inmigrantes y expats incluso antes de la pandemia, cuenta con todos los ingredientes que facilitan la relocalización y acogida: un aeropuerto internacional con multitud de conexiones, buena comunicación ferroviaria con otras grandes ciudades españolas como Madrid y Valencia, 320 días de sol al año y una provincia con naturaleza acogedora. De hecho, Alicante es la provincia con más porcentaje de población extranjera en España, superando el 25%.

 

Localidades como Torrevieja, Altea o Benidorm, han sido desde hace décadas un polo de atracción para personas de países como el Reino Unido, Alemania, Rusia o las naciones escandinavas. Sin embargo, el cambio demográfico actual es radical: si antes el perfil predominante de las colonias extranjeras era de turistas o jubilados que venían a pasar su retiro tras terminar su vida laboral, hoy en día son profesionales jóvenes y de mediana edad en plena etapa productivaquienes deciden ubicar su oficina a orillas del Mediterráneo.

 

Esta inyección de población, notoria a nivel nacional pero sobre todo en zonas litorales como la Comunidad Valenciana y Andalucía, ha traído consigo una desestacionalización largamente buscada por la industria turística. Aunque el número de nómadas digitales es difícil de calcular, y ninguna fuente oficial lo traslada dada su naturaleza oscilante, actualmente alrededor de 3.000 personas residen en Alicante con este formato solo de manera regularizada, pero potencialmente son miles más que pasan por la provincia con estancias más cortas o que, al tener pasaportes de la Unión Europea, no necesitan más regularización.

 

Un idilio económico con dos caras

 

La presencia de nómadas digitales en Alicante implica un beneficio directo para hostelería y comercio, pero también puede ser un arma de doble filo. El consumo se estabiliza, lo que genera un goteo constante en hostelería y comercio de proximidad, pero el mayor poder adquisitivo con el que cuentan en la mayoría de los casos trae una complicada cuestión en muchos barrios que tradicionalmente solo contaban con población local: ciudadanos con nóminas españolas e impuestos españoles compiten por la vivienda con ciudadanos con nóminas noruegas, alemanas u holandesas con impuestos bonificados por su estatus de visa.

 

Este posible efecto gentrificador que acompaña al fenómeno de los nómadas digitales implica un factor más que tensiona el acceso a la vivienda, pero también los servicios. Transporte público, sanidad o limpieza, entre otros, deben trabajar con los recursos de siempre, pero para más población que nunca. El debate sobre si la riqueza aportada compensa sus potenciales consecuencias negativas sigue abierto en las calles de la provincia, dividiendo a quienes ven una oportunidad de oro y a quienes temen morir de éxito.

 

Mientras las administraciones y el mercado buscan la fórmula exacta para equilibrar la balanza, la Costa Blanca continúa reescribiendo su propia identidad. Alicante ya no es solo ese retiro dorado y tranquilo al que acudir cuando la vida laboral termina, sino un lugar en el que prosperar donde la nueva economía global ha decidido instalar su ordenador portátil. El futuro de la provincia dependerá de su capacidad para consolidarse como un polo tecnológico internacional, sin perder por el camino el tejido social y económico de los alicantinos que siempre la han sostenido.

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