Emilio Israel Cortés y Sally Cortés. Dos autores alicantinos analizan en un libro la imagen del pueblo gitano en la literatura y el cine
Emilio Israel Cortés y Sally Cortés firman “La imagen del Pueblo Gitano: De la literatura al cine”, un ensayo que cuestiona de raíz siglos de representación cultural marcada por estereotipos. Desde sus respectivas trayectorias —la filología y el cine—, los autores analizan cómo literatura y pantalla han construido una imagen distorsionada del pueblo gitano que ha acabado influyendo en la vida real. En esta entrevista, repasan el origen y la persistencia de esos clichés, reclaman más responsabilidad a los creadores y reivindican la necesidad de que la comunidad gitana cuente sus propias historias, sin prejuicios ni intermediarios.
- En vuestro libro (disponible aquí) afirmáis algo muy directo: que lo que hemos leído y visto durante siglos sobre los gitanos no es real, sino un “disfraz”. ¿Qué fue lo que os llevó a escribir este libro y a desmontar esa imagen?
- Llegamos al mismo lugar por caminos diferentes. Sally es filológa (qué le vamos a hacer). Ella es una lectora compulsiva. Hizo su trabajo de fin de grado sobre la figura de la mujer gitana en la literatura del Siglo de Oro español y del Romanticismo. Así que está claro que domina la materia. Yo, profesionalmente, vengo del aburridísimo ámbito jurídico, pero me apasiona el cine. Ha sido mi vocación frustrada. Reconozco que soy un poco cinéfago y bastante friki. Llevo años recopilando películas, clips de películas y anécdotas sobre el Pueblo Gitano en el cine, por puro entretenimiento. Este hobby lo convertí en un exhaustivo material de estudio sobre el que vengo impartiendo cursos en la UPV y en la UMH, precisamente con la colaboración de mi hermana. Trasladar a un libro esa experiencia y el trabajo de investigación que habíamos hecho nos pareció un paso lógico y necesario a fin de alcanzar, con una narrativa más cercana y amable, a un mayor número de personas fuera del espacio académico.
- Es importantísimo identificar ese “disfraz” para desenmascararlo. Los estereotipos y los prejuicios transcienden a la literatura y al cine, tienen efectos muy graves en el día a día de las personas que los sufren. Nosotros lo sufrimos. Así que, como investigadores y como gitanos, no podíamos eludir nuestra responsabilidad: cambiar la perspectiva de lectores y espectadores, pero también de los creadores y creativos que estań detrás de una obra literaria o cinematográfica, y romper con los tópicos y los clichés rancios del pasado. Si el libro ayuda, de alguna forma, a confrontar la imagen sesgada que se tiene sobre el Pueblo Gitano y a propiciar una mirada más limpia respecto a ellos, será nuestro pequeño gran triunfo.
- A lo largo de la historia, la literatura y el cine han creado una imagen muy concreta del pueblo gitano: lo exótico, lo mágico, lo peligroso o lo marginal. ¿De dónde creéis que nacen estos estereotipos y por qué han durado tanto tiempo?
- Nacen por muchas vías y se alimentan y crecen por medio de factores diferentes: el contexto socio-político, las crisis económicas, el fundamentalismo religioso, las legislaciones antigitanas, la superstición, el imaginario popular… La literatura o el cine no son el origen sino el reflejo de esos estereotipos inoculados en la sociedad mayoritaria, aunque sí han ayudado, y mucho, como soporte cultural a que pervivan en el tiempo.
- El Pueblo Gitano es un pueblo singular, que ha mostrado una resistencia identitaria a lo largo de la historia insólita. Su particular sentido de la vida, su sentido de la estética, su espiritualidad y fe, su tradiciones y valores, o su código interno de pureza, han sido históricamente muy mal interpretados, demonizados y salvajemente perseguidos desde su llegada a Bizancio hace más de diez siglos. Los prejuicios y estereotipos acerca de ellos sustituyeron su realidad. La iglesia los marcó como paganos y herejes asociados al Diablo; la ley los declaró criminales por el simple hecho de llamarse gitanos, hablar su lengua y vestir como tales; los comerciantes y artesanos los veían como extranjeros que competían con sus negocios; los jueces los declararon culpables de todos los delitos para los que no podían obtener a un culpable. Fueron el chivo expiatorio de todos los problemas que acuciaban a Europa, del mismo modo que lo fueron los judíos.
Los estereotipos, como los prejuicios, son muy poderosos y resistentes cuando se inoculan en la cultura mayoritaria. Fíjate en el machismo, tan profundo y resistente. La literatura y el cine, además, aunque no son el origen, sí le han dado soporte y continuidad a esos estereotipos permitiendo su transmisión de una a otra época. A veces se han adornado su envoltorio, como sucedió en la literatura romántica, pero el fondo no ha variado.
- En vuestro recorrido aparecen autores clásicos como Cervantes y también producciones actuales de cine y plataformas. ¿Ha cambiado mucho esa representación con el tiempo o seguimos viendo los mismos clichés de siempre?
- Ese es el quid del libro: la imagen después de tantos siglos, no ha cambiado, y mucho menos el trasfondo, el mensaje que subyace a la imagen. Tanto en el pasado como en el presente, aun con algunas variaciones estéticas, prevalece la idea de la malignidad de la cultura y la identidad gitanas. Esto confirma el poder asombroso de los estereotipos y prejuicios cuando se arraigan hondo, y la apatía de los autores por apartarse de los clichés de siempre y su falta de voluntad por innovar sin recurrir a los mismos tópicos del pasado. Es extraño. El Pueblo Gitano ha despertado tanto interés, sin traspasar nunca la superficie, como desinterés por profundizar un poco más allá.
El mejor ejemplo viene de la mano de la representación de la mujer. La Carmen de Mérimée representa mejor que ninguna otra la idea que se tenía en los siglos XVIII y XIX de la mujer gitana. La Esmeralda de Víctor Hugo, más amable y bondadosa, no sirve de ejemplo porque en la novela, como sucede con La Gitanilla de Cervantes, se descubre que no es gitana sino una niña “robada”. Carmen es una mujer independiente, dueña de sí misma, insumisa, indómita, sexualmente libre, fuerte, temperamental… Pero sobre todo, una peligrosa pecadora no apata para la crianza, según el puritanismo decimonónico. Sin embargo, la mujer gitana que hoy se representa en el cine o la televisión es una víctima resignada, absolutamente dependiente del patriarcado machista, acomplejada y triste, sin ninguna expectativa en la vida más que parir y atender los quehaceres del hogar.
Carmen sería hoy un perfecto arquetipo de feminismo. Las mujeres gitanas de hoy serían un modelo de virtud en el pasado. Pero ambas imágenes son igual de falsas. Y las dos tienen un denominador común: su gitanidad como causa de su maldad y de sus males. Carmen era mala porque era gitana. Los personajes femeninos del cine y la televisión de hoy son prisioneras de la cultura gitana y solo cuando se desligan de ella son percibidas como auténticas heroínas. Este es un pensamiento racista muy antiguo: la necesidad de desarraigar o elimina la cultura gitana para alcanzar la virtud.
- En el libro señaláis que muchas historias sobre gitanos se han contado “sin los gitanos”. ¿Cómo cambia el relato cuando la comunidad participa en contar su propia historia?
- La visión interna aporta matices que la visión externa difícilmente puede alcanzar. Darle voz a los gitanos y gitanas cambia por completo el resultado.
Nada más tienes que ver el cine de Tony Gatlif. Todo lo cuenta parece igual pero nada es igual. Aparecen los mismo tópicos, pero su tratamiento, el acercamiento de la cámara, el interés del director y las historias que cuentan, se alejan de todo lo conocido. Lamentablemente, Gatlif se ha quedado muy solo.
Hace falta tiempo y paciencia para que las generaciones que vienen sanen de la heridad del pasado, que se desaten del victimismo, del miedo y del complejo de minoría que acumulamos después de tantos siglos de persecución, que recuperen su autoestima, el conocimiento de su incréible historia y pongan en valor la riqueza de su identidad cultural. Y, a partir de ahí, contar lo que nadie ha contado aún. Quedan miles de relatos, viejos y nuevos, por descubrir.
- Al analizar literatura y cine, ¿os habéis encontrado alguna obra que sí se acerque a una representación más real o respetuosa del pueblo romaní?
- El cine es cine, y la literatura, literatura. Son medios de ficción para emocionar, para hacer soñar, para enamorar, para ilusionar. También para provocar, para forzar la reflexión e incluso para transformar vidas. Pero no se les puede exigir realismo. Ni tampoco podemos engañarnos y pensar que lo es. En el mejor de lo casos, un pequeño fragmento de la realidad. Solo eso. Para retratar la realidad hay otros medios, los libros de historia, la prensa, la escuela, la universidad…
El cine tiene que seguir siendo cine y la literatura, literatura. No les podemos cargar con la responsabilidad de retratar fielmente la realidad, porque no es su cometido. Creerlo así sería un autoengaño. De hecho, nada da más miedo que las películas que se enmascaran bajo la apariencia de realidad y aprovechan para degradar la imagen del Pueblo Gitano hasta límites repugnantes, tratando de convencer al espectador de la veracidad de ese retrato.
Decía Godard que cada plano es una cuestión moral. La decisión de a dónde apuntar con la cámara es una decisión subjetiva que responde a un propósito. No es casual ni inocente. Eso sí es lo que le pedimos a los autores y autoras: honestidad, ética y responsabilidad. El cine y la literatura son medios de entretenimiento, pero con el poder de trascender en lectores y espectadores. Pueden ser un motor de mensajes positivos, de imágenes renovadas y de cambios relevantes en la sociedad.
El cine de Gatlif, como hemos dicho, es un ejemplo. En España tienes “Morena Clara”, tanto la versión de Florián Rey como la de Luis Lucía; “Los Tarantos” de Rovira-Beleta; “Flamenco” de Saura; “Camarón” de Jaime Chávarri; incluso “Tierra”, de Médem. Fuera de España, desde el 2010, han surgido una serie de películas de carácter social, más reivindicativas, que ponen el foco en el antigitanismo: “Just th Wind” (2012), “La mujer del chatarrero” (2013) y, sobre todo, “Aferim!” (2015), la primera película en hablar de la esclavitud de los gitanos sufrida en Rumanía por más de cinco siglos. Películas imprescindibles.
También hay películas que son puro entretenimiento y, que a pesar de abundar en estereotipos, merecen la pena. Es el caso de “Snatch”, con Brad Pitt en el rol de gitano, o “Gato negro, gato blanco” de Kusturica.
Para leer recomendamos a autores y autoras gitanas (en español): José Heredia Maya, Joaquín Albaicín, Jorge Nedich, Lola Cabrillana, Antonio Ortega Rubio, Marcos Santiago, Noelia Cortés, Diego Fernández, Nuria León de Santiago… y Sally Cortés.
- Lanzáis también un mensaje a escritores, directores y creadores actuales. Si alguien quiere contar una historia sobre el pueblo gitano hoy, ¿qué debería hacer para no caer en los viejos tópicos?
Solo hace falta un poco de voluntad para apartarse de los clichés rancios del pasado; curiosidad por descubrir nuevas historias; y algo más de rigor en cuanto a las fuentes que consultan (si es que las consultan). Ahora hay mucho material de calidad publicado sobre el Pueblo Gitano. Hay historiadores, profesores, escritores, investigadores, doctores gitanos y gitanas…
La única razón para seguir repitiendo tópicos y errores del pasado es la desidia y la incompetencia.
Pero eso tien fácil solución. Es preciso un mínimo ejercicio de honestidad y reconocer que se sabe menos de lo que debería acerca del Pueblo Gitano y apoyarse en los que saben de verdad, que son los gitanos, profesionales y expertos, que los hay. Es una temeridad hablar sin un conocimiento contrastado, aunque cuando lo que se escribe o se filma es pura ficción.
Ojalá el libro llegue a esos nuevos creadores del presente y del futuro con ganas de innovar y romper moldes.
- Mirando al futuro, ¿qué historias sobre el pueblo gitano creéis que todavía no se han contado y que sería importante empezar a ver en libros, series o películas?
- Es muy importante que se cuente la historia de persecuciones sufridas. Aquí en España tenemos el triste honor de haber organizado el primer intento de genocidio contra los gitanos, en el año 1749. Se debe contar la historia de esclavitud en Rumanía y Moldavia, sobre todo. Las deportaciones de los británicos. El exterminio a manos de los nazis, como un millón de víctimas. Hay decenas de historias de supervivencia de las que apenas se conoce.
Pero el Pueblo Gitano es mucho más que eso. Llevamos más de mil años en Europa. Estuvimos al lado de emperadores bizantinos durante el medievo. Fuimos testigos de las guerras con los tártaros y los turcos. Disfrutamos de los privilegios que nos concedió el Emperador Segismundo y de las cartas papales del Papa Martín V. Viajamos con Colón a América. Fuimos partícipes de la amalgama cultural que se dio en Nueva Orleans, donde se forjó la música americana.
Son mil años de presencia histórica. Somo parte indisoluble de la sociedad europea y española. Estamos en el epicentro de las vida de todas las grandes ciudades del continente, en los barrios, en los mercados… Lo difícil, si no es con intención, es omitir o borrar esa realidad como se ha hecho hasta ahora. Es antinatural. Uno de los grandes logros, a mi parecer, del fenómeno de los Peaky Blinders es que su creador, Steven Knight, sitúa a sus protagonistas gitanos en todos los momentos históricos relevantes, en los conflictos bélicos, en las crisis políticas y económicas, en la lucha de clases… Siendo una absoluta ficción no puede ser más coherente con la realidad. El mensaje, a pesar de los estereotipos, que los hay, es claro: los gitanos siempre estuvimos ahí.
Personalmente echamos mucho de menos el sentido del humor gitano que brilla por su ausencia en la literatura y el cine, y es, sin embargo, una de nuestras señas de identidad más distintivas. Nos reímos de todo, de los prejuicios, del racismo, de los estereotipos, los interpretamos y sobreactuamos a conciencia. Hacemos bueno eso de “reír por no llorar”… Da una vuelta por redes sociales y lo verás. Al más puro estilo Woody Allen.
- Sois de Alicante. Desde vuestra experiencia, ¿qué lugar ha tenido históricamente el pueblo gitano en la vida cultural de la ciudad?
Alicante no es una ciudad de gran arraigo gitano, pues no estaba entre las ciudades donde se permitía a los gitanos avecindarse. Hay un censo de 1783 que describe a unas 15 o 20 familias.
Pero sí hay historia. El Castillo de Santa Bárbara fue uno de los centros de clasificación y reclusión más importantes del levante durante la operación de detención general contra los gitanos ordenada en 1749 por Fernando VI. Cientos de capturados de localidades cercanas, como Elche, Novelda o Villena fueron trasladados allí para su posterior separación por sexos y envío su destino: los hombres y niños de más de siete años a trabajos forzados en los arsenales de la Marina; las mujeres y niños pequeños, a centros de internamiento donde eran custodiadas y forzadas también a trabajar. Muchos se mantuvieron prisioneros hasta 1765.
Curiosamente, las primeras barriadas y asentamientos gitanos en la ciudad se producen en las laderas del Benacantil. Se mantuvieron durante décadas hasta el derribo del humilde barrio de Las Provincias y el traslado de sus vecinos al extrarradio de la ciudad, en la década de los 50 y 60.
Los gitanos forman parte de la vida cultural, social y económica de Alicante, aunque sea desde el anonimato o sin el merecido reconocimiento. Los mercadillos son centros neurálgicos que han capitalizado durante mucho tiempo las familias gitanas, el corazón de la vida económica a pie de calle. Muchas de ellas, familias autóctonas de nuestra ciudad como la nuestra, se dedicaban a la elaboración de las palmas para la Semana Santa, una tradición que se mantiene pero que, tristemente, se está perdiendo. Sobre todo por la irrupción de la iglesia evangélica que es, a la vez, otra fascinante contribución cultural. No hay prácticamente un barrio sin una iglesia evangélica gitana, con su particular aportación social y su música singular. Y más música: de Alicante es La Susi, Encarnación Amador Santiago, una de las cantaoras flamencas más grandes, que Dios la tenga en su gloria. Aún espero que un día le dediquen el reconocimiento y el homenaje que merece.
Puede que no parezca mucho, pero no es poco. Nos gustaría, y esa es nuestra esperanza, que de a futuro la aportación cultural de los gitanos alicantinos se amplíe. Pero antes, deberíamos empezar a poner en valor lo que hay.
Estaría genial un trabajo de investigación que profundice en la historia de los gitanos en Alicante, nos encantaría hacerlo. Tal vez algún día...
- Y a nivel social, ¿cómo describiríais hoy la relación entre la comunidad gitana y el resto de la sociedad alicantina? ¿Ha habido avances o todavía quedan muchos prejuicios por romper?
Hay una fractura evidente. Barrios muy ghetizados y escuelas segregadas en pleno siglo XXI, al amparo de una democracia constitucional. No es razonable. Las persecuciones del pasado y los procesos de gentrificación urbana de los 50 y 60 contribuyeron a ello. Hay pocos avances y muchos prejuicios. Más bien hay retrocesos, en muchos aspectos, y más prejuicios.
Se repiten los errores del pasado. Persiste el desconocimiento, lo que da pie a más prejuicios. Y falta participación en la vida política.
Por ejemplo, las Mil Viviendas originales, hace 60 años, fueron un ejemplo de convivencia ente payos y gitanos, como lo fue el barrio de Las Provincias en su época. Las políticas en materia de vivienda que continuaron después, principalmente tras la aprobación Constitución fueron un desastre y cambiaron el escenario. Tanto, que no nos hemos repuesto aún. Lo difícil es hacer autocrítica. Lo fácil, seguir echando la culpa a los gitanos. Al paso que vamos, no me extrañaría que vuelvan a resurgir las chabolas en nuestra ciudad. De hecho, ya está pasando.
Dicho esto, hay que decir que a pie de calle prima la convivencia, la cordialidad y la simpatía entre convecinos. Como no puede ser de otro modo.
- Después de leer vuestro libro, ¿qué os gustaría que cambiara en la mirada del público cuando vuelva a encontrarse con un personaje gitano en una novela, una película o una serie?
Que disfruten de la novela o de la película sin caer en el error de pensar que esos personajes son ciertos y que la ficción puede sustituir la realidad. Que los gitanos y gitanas que aparecen en estos medios no son reales, sino puro artificio. Y que se cuiden mucho de los prejuicios, que nos empobrecen como personas y como sociedad.














