El asador uruguayo de Alicante donde la carne es arte
En pleno corazón de Alicante, a pocos pasos de su bullicioso centro per resguardado del trasiego de avenidas más bulliciosas, se encuentra un espacio donde la brasa no solo cocina, sino que narra historias. El ambiente es sobrio, elegante, con una iluminación suave que abraza las mesas y una decoración discreta pero con carácter. Todo invita a detener el tiempo, a saborear sin prisas.
Nada más cruzar el umbral, se percibe que aquí la carne es protagonista, como no podría ser de otra manera dada su alma uruguaya. Pero no una cualquiera: cada corte parece elegido con mimo, tratado con respeto y sometido a la alquimia del fuego como si fuera un ritual. El sutil aroma a madera y grasa fundida despierta recuerdos primarios y abre el apetito con una sola bocanada de aire.
La propuesta culinaria de este asador uruguayo en Alicante reposa sobre dos pilares: producto y técnica. Y cuando ambos se ejecutan con maestría, el resultado no puede ser otro que la excelencia. Uno de los mejores ejemplos llega a la mesa en forma de un queso fundido, dorado en su superficie, coronado con aceite de oliva y especias que elevan su calidez. Esta interpretación de la provoleta es una invitación a compartir, a arrancar el festín con las manos y con una sonrisa.
Le sigue un bocado que desafía la idea tradicional de una croqueta. De tamaño generoso, el interior de este croquetón revela un relleno delicado de cordero, cocinado con equilibrio para no eclipsar, sino seducir. Crujiente por fuera, suave por dentro, es una pequeña obra de ingeniería gustativa.
Pero es en las carnes donde este lugar encuentra su plenitud. El costillar de ternera se presenta irresistible, con una cocción lenta que consigue una textura melosa sin perder jugo ni carácter. Cada hebra de carne se separa con facilidad, cargada de sabor profundo y aroma ahumado.
Y si lo anterior impresiona, la chuleta de vaca roza lo sublime. Servida con una presencia imponente y cortada con generosidad, madurada en su punto justo y marcada con precisión, ofrece un equilibrio entre grasa y músculo que se funde en boca con una intensidad adictiva. Es un corte que no necesitaría acompañamientos, que se basta a sí mismo para contar su historia.
El servicio acompaña con cercanía y discreción, atentos sin ser invasivos, y conocedores del producto. La carta de vinos, diversa y bien seleccionada, permite maridar cada plato con una copa a la altura de la ocasión.
Es entonces, ya con la sobremesa insinuándose, cuando se comprende que aquí todo está pensado para prolongar el disfrute. Un gintonic preparado con tónica premium, hielos generosos y ginebras de calidad redondea la experiencia. Es el broche final de una comida que no quiere terminar, en un entorno donde el tiempo parece detenerse.
El lugar tiene nombre, sí, y cuando uno lo descubre —Pelego—, entiende por qué tantos regresan y está situado actualmente en lo más alto de los rankings gastronómicos de la ciudad de Alicante según las reseñas de los propios usuarios. Porque no es solo una comida, es una experiencia que deja huella.
¿Dónde?
Nombre: Pelego
Dirección: Calle Vicente Inglada, 9. Alicante (03004)
Teléfono y WhatsApp: 865 523 427
Web: https://www.restaurantepelego.com/







