El verano en el litoral alicantino presenta un sinfín de opciones para el ocio. Playas, gastronomía, naturaleza y diversión para todos los públicos que, en Tabarca, alcanzan su máxima expresión: pocos destinos, como la pequeña isla alicantina, aglutinan en tan poco espacio tantas opciones y reclamos para los visitantes. La riqueza de Tabarca no puede limitarse a un simple listado, pero sí destacan algunas razones básicas por las que una escapada a la isla es necesaria cada verano.

 

Singularidad

Tabarca es la única isla habitada de la Comunidad Valenciana. Su población fija no llega ni a 60 personas durante el año (según el INE de 2016), pero el flujo en temporada estival es abundante y constante. Cuenta con pocas pero interesantes opciones para el alojamiento, algo que no muchos visitantes contemplan pero que puede ser de lo más apetecible: la isla es un remanso de paz por las noches, aun en verano, y su encanto se redobla con la luz de las estrellas.

Gastronomía

Pese a su reducido tamaño, Tabarca tiene ciertos rasgos gastronómicos propios. Además de muchos restaurantes en los que comer arroces alicantinos de calidad y platos con buen producto de temporada, una visita a la isla estaría incompleta sin probar su gran estrella gastronómica: el caldero de Tabarca. Un arroz de pescado que es puro mar, pura intensidad y puro sabor, hasta el punto de que es ya frecuente encontrar muchos restaurantes de fuera de la isla que lo han adoptado como propio. 

Playas

Es el motivo más evidente pero, en ocasiones, con tantos atractivos pasa a un lugar secundario. El litoral alicantino tiene algunas de las mejores playas de España, y Tabarca es un lugar magnífico en el que verlo en primera persona. Además, por su orografía, la isla premia el carácter explorador: salirse del camino marcado e indagar un poco puede llevar a más de un curioso hasta calas recónditas y escondidas que son auténticas maravillas de agua transparente.

Pueblo con encanto

Además de todo lo mencionado, no hay que olvidar que Tabarca es, sobre todo, un municipio. Y no uno cualquiera. Sus calles son escasas y poco extensas, pero rezuman encanto. Construcciones blancas que recuerdan a la vieja Altea, muralla de aires medievales, una iglesia que prácticamente flota sobre el agua, calles empedradas… Muchos elementos que, en conjunto, hacen que un paseo por la parte poblada de la isla sea de lo más placentero para la vista. Y, en el extremo de la isla opuesto al pueblo, un precioso faro marca el camino a las embarcaciones.

Su historia

Tabarca tiene una larga historia pirata tras de sí. La isla era utilizada como base para los piratas que se preparaban para atacar el litoral alicantino, de lo que todavía quedan vestigios y se cuentan historias en sus empedradas calles.

Riqueza natural

La isla está catalogada como reserva marina desde hace más de tres décadas. Un paseo en barca (o unas cuantas brazadas) hasta alguno de los acantilados y peñones que bordean la isla son la mejor forma de, a través de unas gafas de buceo, descubrir la riqueza de su flora y fauna submarina. En la superficie, además, hay unas preciosas praderas de posidonia que dan a la isla un aspecto muy característico.

 

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