España es conocida más allá de nuestras fronteras por las delicias de nuestra gastronomía patria. La riqueza de los productos, la variedad de estilos y la elaboración de algunas recetas universales nacidas en suelo español son algunas de las principales bazas con las que mantener la captación de turistas. Pero, como toda causa, necesita embajadores. Y fuera del territorio español, los grandes chefs son adalides de las bondades culinarias que cualquier visitante puede descubrir. 

Uno de los más destacados chefs españoles es, sin duda, Quique Dacosta. Cacereño de nacimiento pero alicantino de adopción, el estrella Michelín se ha convertido en una de las grandes figuras de los fogones españoles, con una amplia variedad de conceptos y locales que, ahora, da un paso adelante. Ha llegado el momento de internacionalizarse.

El chef, desde el pasado 7 de junio, cuenta con un nuevo restaurante: Arros. Bajo una nomenclatura tan sucinta y elocuente, y en una de las zonas más exclusivas y populares de Londres -entre Oxford Circus y Tottenham Court Road-, Dacosta lleva al exigente público londinense a quitarse una venda de los ojos. Los arroces, la famosa paella, no son esa “masa amarilla y espeluznante” que, como afirma en una entrevista con el Telegraph, en tantas ocasiones se ha encontrado el turista británico en el litoral español.

La paella no solo es la receta. Es un concepto culinario, una cultura gastronómica y un universo a nivel social. Y Quique Dacosta se atreve a llevar su idea al centro de Londres para, con su Arros, hacer ver a una de las principales capitales mundiales algo que, en ocasiones, ni siquiera se tiene claro en el lugar donde el arroz es una religión.  

Arros es una reivindicación 

Su nuevo restaurante busca ser todo un paradigma de lo que Dacosta es como chef. Una perfecta combinación entre innovación y tradición, con respeto a los productos y a los métodos pero sin miedo a inventar. Porque pocas escenas son más innovadoras en Londres que una paella bulliciosa sobre una pila de troncos en llamas: la huerta alicantina, la carne de conejo, la langosta, las cucharas que comparten el recipiente y una forma de comer ajena al lugar que la cobija. Todo, con platos de arroz a partir de 16 libras: un precio que, en muchos lugares de Londres, equivale a poco más de un sándwich.

Pero, sobre todo, Arros es una reivindicación. Un grito al cielo contra las aberraciones que, muchas veces llegadas desde las islas británicas -como cuando el chef Jaime Oliver puso chorizo en una paella-, se han cometido contra uno de los platos más universales del mundo y estandartes de la gastronomía española. ¿Quién le pondría chorizo a un fish and chips?