A diario nos colocamos frente al televisor, accedemos a las webs de la prensa tradicional u online y escuchamos emisoras de radio para informarnos de las últimas novedades sobre el avance y control del Covid-19 o “coronavirus”. Los decretos gubernamentales se suceden a velocidad de vértigo. Las cifras y las medidas adoptadas por el Ejecutivo son de tal calibre que nos abruman, y parece lógico pensar que, tras la fase de saturación de información de todo tipo y aumento paulatino de nuestro léxico sanitario y legal, dirijamos pausada y conscientemente la mirada y la atención a lo más cercano, a lo próximo, a nuestro universo personal y territorial.

Y es aquí donde queremos centrarnos hoy, para destacar el papel que están desempeñando en esta crisis sanitaria mundial y bestial las administraciones más cercanas: los ayuntamientos.

Así, mientras estamos ojo avizor sobre nuevas disposiciones del Gobierno Central y de los ejecutivos autonómicos (cómo pedir ayudas, cuándo y cuánto cobraremos, moratorias de pagos de impuestos, nuevas restricciones de movilidad…), con trabajo telemático o sin él, tenemos tiempo, mucho tiempo, para bucear en la red. Y allí encontramos de todo.

Y a poco que escudriñemos, destaca sobremanera el papel que están desempeñando los ayuntamientos, especialmente los de municipio de tamaño medio. Inicialmente, a ellos les correspondía implementar órdenes y consejos que emanan de organismos superiores, pero es una realidad irrefutable que, salvo excepciones, han ido mucho más allá, sin pensar en cuestiones de índole competencial.

Porque es verdad que aunque sobre el papel la asistencia social es competencia directa de las autonomías, sin la decidida participación de los ayuntamientos esto no sólo sería dramático (que lo es), sino realmente desastroso. Ellos, los municipios, son lo que ahora abanderan la lucha contra la pobreza social emanada de la situación. Aunque muchos no lo crean, un mes sin ingresos y con el mismo nivel de gasto (hipoteca, préstamos, alquileres, tarjetas de crédito, electricidad, agua, gas, alimentación…), avoca a la ruina más absoluta a muchas familias, autónomos y pequeños empresarios. 

No se llega. Lo escasos ahorros se agotan, y hay que pedir ayuda.

Llegados a ese extremo, parece lógico pensar que primero se eche mano de familia y amistades, pero llega el momento en que el chicle no puede estirarse más, y lo que hacemos es descolgar el teléfono y llamar.

Incremento en Bienestar Social

¿A quién? Pues a las autoridades que conocemos. A nuestro alcalde… a nuestros concejales. Y ellos responden. Siempre.

Desde el inicio del estado de alarma, fueron muchos los ayuntamientos que incrementaron sus partidas presupuestarias de Bienestar Social para atender situaciones de emergencia, en previsión de lo que habría que venir. Y acertaron.

Los hubo (como El Campello, en la provincia de Alicante), que desde el minuto uno cayeron en la cuenta de que personas especialmente sensibles a la pandemia no debían salir de casa ni para comprar alimentos o medicamentos. Había que garantizar la seguridad de mayores y personas con movilidad reducida, pero… ¿cómo hacerlo? En este municipio costero pegado a la capital de poco más de 28.000 habitantes dieron con la clave el mismo 14 de marzo, cuando se decretó el estado de alarma, y decidieron movilizar a los voluntarios de Protección Civil, un cuerpo que en estos momentos cobra especial relevancia. Ellos se ocupan de recibir encargos, de acudir a supermercados y farmacias, de comprar lo necesario y llevar el pedido a los domicilios. Los beneficiarios pagan sus compras, pero se mantienen en todo momento bajo la seguridad de sus domicilios.

La medida llamó la atención de otros municipios, que llamaron a El Campello y emularon la acción disponiendo operativos idénticos o similares.

Paralelamente, se estableció un servicio de recogida de donaciones de alimentos y posterior reparto a familias desfavorecidas. Y, de nuevo, se echó mano de los voluntarios de Protección Civil, siempre dispuestos. Si hay que arriesgarse a salir a la calle, que sean los menos posibles, pero siempre bien equipados y protegidos.

Dinamización

Pero si loable es esa movilización de los ayuntamientos en el aspecto puramente social, no menos destacables son los esfuerzos que dedican a conseguir que el confinamiento en casa resulte lo más llevadero posible.

En este apartado, la imaginación se ha desbordado, y las propuestas de actividades online, virtuales e interactivas se suceden de forma extraordinaria, fomentando la participación de todas las franjas de edad de la población.

Charlas literarias, ejercicios físicos con monitores especializados, rutas virtuales por el municipio, concursos de dibujo, relatos y fotografía, animación telemática, competiciones de videos caseros… todo es bueno, todo vale para que la mente se distraiga y se haga más llevadera la larga estancia entre cuatro paredes.

Un aplauso para ellos. Un diez para esas propuestas que incentivan la imaginación y las dotes artísticas de pequeños a mayores.

Y un dato: tales iniciativas no emanan de grandes ayuntamientos de capitales o municipios superpoblados, que están a otras cosas. Son, como decimos, los municipios mediados y pequeños los que destacan, y además dan cobertura a los habitantes de esas macrourbes que nada o poco ofertan al respecto.

            Y el último ejemplo: el juego de escape room organizado también por el departamento de Juventud de El Campello ha registrado miles de entradas de jugadores de ignota procedencia, pero consciente de que podía atraer la atención de foráneos, el concejal del ramo decidió abrir el abanico. Uno de los premios se lo ha llevado un joven de Barcelona.