Cada año surgen las mismas preguntas, las mismas dudas, las mismas críticas. Como si del día de la marmota se tratara, la convocatoria para asistir a la Feria Internacional de Turismo de Madrid (FITUR) moviliza administraciones, políticos, técnicos y periodistas, que acuden a centenares para participar en la que es considerada como l segunda feria turística en importancia de cuantas se celebran en el mundo, después de la World Travel Market de Londres. Curiosamente, con la nuestra arranca la temporada de promoción, en enero, y con la británica se cierra el ciclo en noviembre.

¿Es posible destacar en un recinto donde se ofrecen destinos de lo más variopinto denla Tierra? ¿Tiene sentido tanto gasto público? ¿Hace falta tanta gente para ´vender´ un producto? ¿Es ésta la Feria de las vanidades?

Estas preguntas, y muchas más, circulan por la moqueta de Ifema cada enero, en busca de respuestas definitivas que nunca llegan… sencillamente porque no las hay. Depende, como todo, del color del cristal con que lo mires.

Si preguntamos a los madrileños, están encantados, porque durante una semana cuelgan el cartel de completo en hoteles y restaurantes, los taxistas hacen caja, y los comercios venden como si de temporada alta se tratara. Delegaciones llegadas de los cinco continentes, ávidas de gastar, degustar y conocer, dejan en la capital un buen puñado de millones de euros. Y eso, aunque de una gran urbe se trate, se nota.

Y si preguntamos a los empresarios, nos dirán que “en Fitur hay que estar”, porque es allí donde se presentan novedades, donde se mantienen importantes reuniones para cerrar paquetes vacacionales y nuevas rutas, y donde es más fácil mantener contactos a todos los niveles. Ellos trabajan, aprovechan su estancia en Madrid y, en definitiva, hacen negocio.

¿Y las administraciones públicas?

Hay quien mantiene que allá donde el territorio está copado, y con éxito, por la iniciativa privada, poco tiene que hacer la cosa pública. Pero se equivocan quienes así piensan, porque un hotel puede ser magnífico desde el concepto a instalaciones, precios y servicios, pero si el entorno no acompaña fracasará estrepitosamente. Es muy raro que un establecimiento, por sí mismo, sea destino único de un viaje (existen casos, claro que sí), y por lo general sus propietarios reclaman un entorno geográfico seguro, bonito, limpio y con alternativas de ocio, porque vender felicidad y experiencias conlleva precisamente eso.

Y eso explica el desembarco en Fitur de autoridades, que anuncian obras, programas de dinamización, ciclos culturales y deportivos, eventos festeros, rutas de todo tipo y, no menos importante, trasladan una implicación plena del municipio, región o país con la actividad turística.

Y eso, y no otra cosa, es lo que reclama el sector: apoyo institucional, compromiso decidido y buena gestión de los fondos públicos.

Otro tanto se puede decir de los medios de comunicación. Todos, casi sin apenas excepciones, asisten a Fitur, al menos durante los cuatro primeros días, dedicados a los profesionales del sector, que son los que más actos registran, y donde todos aprovechan para anunciar novedades.

Novedades que se convierten en noticia, porque noticia fue que Alicante haya decidido potenciar la regata a vela de Tabarca, que La Nucía alcance los primeros puestos nacionales en organización de eventos deportivos, que El Campello se sitúe en el mercado como un inmenso plató en el que grabar películas y series de televisión, o que Denia se ratifique como cabeza de pelotón en la gastronomía más selecta.

Y allí estuvo CB Noticias. Como todos los demás. Para contarlo.