Alicante es mucho más que sol, playa y arroz. Aunque el verano haya terminado, las temperaturas siguen siendo lo suficientemente suaves y agradables como para disfrutar del aire libre y los fines de semana llenos de actividades. Para ello, existen sin salir de la provincia multitud de potenciales escapadas de otoño que, además de huir de los típicos paisajes de arena, toalla y sombrilla, sirvan para descubrir pequeños tesoros escondidos más allá del litoral alicantino.

Guadalest

Es complicado hablar de Guadalest como un tesoro oculto cuando su fama le precede. Es uno de los pueblos de interior de Alicante más conocidos y más populares para hacer escapadas de otoño, pero su gran encanto y cercanía con Benidorm hacen que sea un destino popular durante prácticamente todo el año. Su gastronomía, su castillo y su embriagador carácter medieval han convertido

De hecho, su fama ha hecho que las opciones aumenten y surjan alojamientos prácticamente únicos, como Vivood. Un hotel totalmente integrado en la naturaleza y con una capacidad de seducción inmensa, que permite disfrutar de un alojamiento al mismo tiempo que se vive la naturaleza en primera persona.

El Hotel del Juguete

Una de las grandes industrias de la provincia de Alicante es, sin duda, el juguete. Con Ibi como epicentro juguetero, no solo un sector económico sale al paso, sino también todo un movimiento cultural. Una de las mejores escapadas de otoño sin salir de la provincia de Alicante, para quienes tengan hijos -o simplemente disfruten con la cultura juguetera- puede ser el Hotel del Juguete, en Ibi.

Este establecimiento hotelero de cuatro estrellas, totalmente tematizado, puede ser para los más pequeños de la casa un oasis perfecto entre el final del verano y el largo camino todavía por recorrer hasta Navidad. Cada habitación tiene una temática: Lego, Pin y Pon, Nenuco, Nancy y una larga lista de micro-universos para que los niños jueguen y disfruten en un entorno especialmente pensado para su disfrute.

Cocentaina

Aunque el nombre de Cocentaina es conocido principalmente por su Fira de Tots Sants, celebrada desde hace ya cerca de 700 años durante la primera semana de noviembre, esta localidad alicantina tiene multitud de atractivos. Un municipio de casi 40.000 años de antigüedad que, durante su extensísima historia, ha ido sumando a su territorio curiosidades y atractivos dignos de una escapada.

El castillo, la ermita de San Cristóbal, antiguos palacios, su calle mayor y un gran número de recovecos y pequeños testigos de una historia larga, rica y singular. Además, por si la localidad en sí no contase con suficientes alicientes, su entorno es una maravilla: la sierra de Mariola y el cercano embalse de Beniarrés son solo dos de los grandes focos de actividades a realizar sin alejarse demasiado del núcleo urbano.

Xorret del Catí

Otra de las principales formaciones montañosas de la provincia de Alicante, el Maigmó, alberga en sus dominios el famoso Xorret del Catí. Esta zona rural, ubicada en pleno paraje natural a medio camino entre Castalla y Elda-Petrer, es territorio habitual de entrenamiento para deportista: su compleja orografía y más de 1.100 metros de altitud le dan unas condiciones perfectas para la preparación física de múltiples disciplinas.

El Xorret es, además, un lugar lleno de ingredientes para las escapadas de otoño perfectas: naturaleza salvaje, paisajes espectaculares e instalaciones hoteleras jalonando sus límites. Además, esta zona de la provincia de Alicante tiene una cultura gastronómica propia que merece la pena conocer a través de las creaciones culinarias propias de localidades como Castalla, Sax o Elda. Y, para los más valientes, en plena naturaleza también cuenta con un refugio en el que hacer noche.

Vall de la Gallinera

Probablemente con menos fama que algunas de las otras escapadas de otoño ya listadas, pero no con menos encanto ni atractivos, el Vall de la Gallinera es una gran idea para unos días de asueto. El valle, situado en el interior de la comarca de la Marina Alta -al noreste de la provincia de Alicante- acuna ocho pequeños municipios por los que parece no pasar el tiempo.

Benirrama, Bengalí, Benissiva, Benitaia, La Carrotxa, Alpatró, Llombai i Benissili. Ocho localidades en apenas 15 kilómetros que serpentean el río Gallinera y son habitualmente imán para ciclistas valientes y moteros aventurados. Silencio, desconexión, calles adoquinadas, poca cobertura y una muy buena oferta de casas rurales y gastronomía -sus cerezas son famosas- llaman cada vez a más visitantes que recorren el valle pueblo a pueblo caminando por sus senderos. Aquellos con las piernas más entrenadas podrán subir a la Penya Foradada, el macizo que preside el valle, y disfrutar de las buenas vistas.

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