Por mucho que el buen tiempo se alargue más allá del mes de septiembre, la llegada del otoño pone el broche a la temporada alta del turismo. La bajada de las temperaturas en la Costa Blanca echa el cierre a alrededor de un 30% de los negocios turísticos, desde establecimientos hosteleros hasta comercios ubicados en zonas estratégicas, que debido a la estacionalidad de su mercado no encuentran rédito a mantener la actividad durante la temporada baja.

El arranque de esta temporada baja coincide con la vuelta de los viajes organizados del Instituto de Mayores y Servicios Sociales, Imserso: una de las distintas fórmulas con las que quienes viven del turismo mantienen la actividad más allá de los meses álgidos como refuerzo a un músculo turístico que, con el paso de los años, ha aprendido a soportar mejor la tradicional crudeza que el invierno tenía con sus modelos de negocio.

A falta de la recopilación oficial de datos de la campaña 2019, el turismo general se encuentra en buena salud. El curso 2018 fue, para Benidorm, el segundo mejor a nivel turístico de los últimos 15 años. Ni los potenciales efectos negativos del Brexit ni la perspectiva de una recesión frenaron los buenos datos: más de 11 millones y medio de pernoctaciones, una ocupación media por encima del 84% y algunos mercados, como el portugués, con ascensos de hasta el 17%. Unos datos que, en vista de los informes parciales recopilados hasta ahora -un 93% de ocupación media en agosto de 2019- podrán mantener el buen tono a final de año.

Protagonismo en el formato

Para el Imserso, el litoral alicantino y valenciano es un pilar fundamental. La Comunidad Valenciana ofreció en 2018 cerca de 200.000 plazas de las 938.000 que vendió el Instituto para sus viajes en toda España. Casi una de cada cuatro estancias ofrecidas en estos viajes organizados de turismo social se encontraba en el litoral autonómico, con un protagonismo muy importante para la Costa Blanca, y Benidorm como su principal referencia turística, en la oferta: durante muchas temporadas, más del 80 por ciento de plazas ofertadas en toda la Comunidad Valenciana eran en Benidorm.

Los viajes del Imserso cumplen con una función social directa, pero también con una económica indirecta. Por un lado, el concepto de turismo social ayuda a personas de la tercera edad a mantenerse activas y les permite descubrir destinos turísticos con facilidad; por otra, contribuye a la desestacionalización del turismo, un objetivo fundamental para zonas que viven de esta industria, inactiva durante una buena parte del año.

Por comodidad, precio y servicios, los viajes del Imserso se realizan fuera de la temporada alta. Es más barato, hay menos aglomeraciones y más tranquilidad. Una opción que, el pasado año, solicitaron 3.800.000 pensionistas, según el informe Programas de Promoción del Envejecimiento Activo 2018, elaborado por el propio Imserso.

Apoyo al motor económico

La desestacionalización del turismo es mucho más que una reivindicación hostelera. Hosbec, Asociación Empresarial Hostelera de Benidorm, Costa Blanca y Comunidad Valenciana, fija en enero de 2020 el punto más bajo de la temporada. Más de 7.500 camas dejarán de venderse solo en Benidorm pese a que, según sus datos, la capital turística de la Costa Blanca mantendrá abierta más de un 71% de su planta hotelera y por encima del 82% de sus apartamentos turísticos.

Pese a ello, y gracias a viajes organizados como los del Imserso, apuntalados por campañas puntuales como los puentes o la Navidad, el turismo aleja cada año un poco más el fantasma de la estacionalidad. Y así lo demuestran los datos: la primera quincena de octubre, Benidorm ha estado por encima de un 91% de ocupación, dejando muy atrás temporadas negativas como la de 2003, en la que apenas se superó el 80%. Y, cuando algunas persianas empiecen a bajarse hasta el año que viene, comenzarán a llegar los autobuses con pensionistas a bordo.

 

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